Los mejores artistas falleros 


La profesión de artista fallero es única en el mundo. Tiene su origen en el siglo XIX cuando se gesta la competitividad entre escultores, pintores y carpinteros por conseguir la belleza artística para hacer fallas.

La Sección Especial de Valencia marca la diferencia. Ganar este premio significa un antes y un después en los talleres de artesanos. Así, entre los nombres más reconocidos y los artistas falleros más famosos están Pepet, Martinez Mollà, Pedro Santaeulalia, Julio Monterrubio, Vicente Agulleiro, Juan Canet, Agustin Villanueva, Manolo Garcia o Manolo Algarra. Además, muchos de los mejores artesanos de este oficio forman parte de la conocida como Generación de Oro de artistas falleros, compuesta por Juan Huerta, Salvador Debón, Vicente Luna y Julián Puche. 

De generación en generación. Se trata de un oficio que trasciende en el tiempo. Una de las características más singulares de los artistas falleros es como las sagas familiares consiguen pasar el testigo de padres a hijos y consolidar este oficio en el paso de los años. 

Sagas familiares de artesanos

El apellido Puche está unido indiscutiblemente a las fallas. Tres generaciones y más de 75 años de historia. Julián Puche se alzó con el primer premio de Sección Especial en 1965 con «Es xopà fins la moma» de la comisión Na Jordana y los años 1970 y 1971 con Convento Jerusalén. Su hijo Pepe se unió muy pronto al oficio, estuvo con su padre durante tres premios de especial y, tras un tiempo alejado de las fallas, en 1992 creó la falla para la Expo de Sevilla. Hasta que firmó su última falla en 2007, Pepe plantó para la sección Primera en 2003 y, en 2005, dió el salto a Especial con la falla Exposición. Su hija Marina cogió el relevo en 2010 y es especialista en fallas infantiles.

También lo son los Santaeulalia, tercera generación de artistas. Salvador plantó su primera falla en 1943 en Burjassot e inculcó el amor por este oficio a su hijo Miguel que, debutó en la sección Especial de Valencia en el año 1974 con la falla ‘Martiris’ para la comisión Exposición-Micer Mascó, y ha enaltecido el apellido con los premios en Na Jordana durante los años 90. Sus cuatro hijos han heredado el gen de artista fallero: Miguel, Pedro, Alejandro y José. Así, Pedro es considerado como uno de los mejores artistas falleros, concretamente el artista en activo que más veces ha ganado en la máxima categoría, tras conseguir ocho victorias. La primera fue para Sueca-Literato Azorín en 2002 y posteriorment fue artífice de buena parte de las históricas fallas de Nou Campanar, donde ganó en las cinco veces que concurrió. Con Convento Jerusalén también consiguió alzarse con el máximo reconocimiento en 2011 y 2016. 

En el podio de los artistas falleros

Pero, sin duda, Regino Mas encabeza el podio con 30 premios, de los cuales 14 eran de Sección Especial. Considerado un innovador de las fiestas josefinas, se presentó a un concurso del Ayuntamiento de Valencia con su proyecto denominado ‘Indult de Foc’. Mas propuso una cabalgata donde las diferentes comisiones llevaran su mejor ninot para realizar un concurso entre los escogidos y para que la figura ganadora se salvara de las llamas la noche del 19 de marzo. Su idea, por entonces revolucionaria, se ha convertido en uno de los actos más importantes de las fallas actuales. Además, no ha sido el único artista fallero de su familia. Su hermano, que tuvo que emigrar a Argentina para poder sobrevivir, introdujo en el país sudamericano las Fallas, que también se levantaban en aquel continente.

Pasión y sacrificio definen a la perfección al artista fallero. Una profesión única que solo existe en Valencia y que ha sido reconocida por la UNESCO con el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Se trata de una labor creativa y artística de gran envergadura que supone horas y horas de dedicación desde que la idea se plasma en un papel hasta que se queda el Día de San José. Los cambios en técnicas y materiales dan cuenta de la evolución constante del trabajo de los artistas en la creación de los monumentos. 

Una creación artística que ha traspasado las fronteras de las fiestas josefinas para expandirse a otros modelos de negocio entre los que destacan las escenografías, las figuras para decoraciones de eventos, las tematizaciones de restaurantes, las decoraciones para parques de atracciones, entre otros.